viernes, 31 de julio de 2015

64. EL ARTE DE LA BIBLIOTECONOMÍA

Hace un par de años, hicimos un Seminario de Fuentes Históricas de la Bibliotecología en México, en donde saltaron a la vista distintos aspectos olvidados o poco conocidos de la conformación de esta ciencia.
Entre los hallazgos que nos parecieron más notables encontramos los tres siguientes:
1. La Biblioteconomía se conformó en México por la adición de varias prácticas y nociones distintas, que se reunieron para echar a andar proyectos de gran envergadura en materia de organización bibliográfica en bibliotecas de acceso público. Así, a la Bibliografía se le agregaron la Bibliología, la Catalografía, la Clasificación, además de nociones de Economía y Administración, así como conocimientos de idiomas. La Biblioteconomía nació de esta amalgama.
2. La Biblioteconomía fue concebida como arte y como ciencia, esto es, el arte de hacer las bibliotecas y hacer con las bibliotecas, junto con el conocimiento de los libros, la historia de las bibliotecas, los procesos de selección, catalogación y clasificación, así como la buena lectura y otros asuntos relacionados.
3. La Bibliotecología se planteó como la ciencia resultante del establecimiento de bases teóricas firmes desde la Biblioteconomía, con la concurrencia de desarrollos más amplios de la Bibliografía y la Bibliología. Al respecto, es de señalar la importancia de la Bibliografía para la generación de conocimientos.
Así, la Biblioteconomía aportaría a la construcción de la Bibliotecología, y ésta llegaría a conformarse como ciencia cuando pudiera desarrollarse sin la necesaria presencia de su antecesora.
Este planteamiento nos lleva a preguntar sobre la naturaleza de la Biblioteconomía como arte. ¿De qué se trata?
Hace un par de días, charlaba con el pianista Marcelo Reyes sobre la naturaleza del Arte (con inicial mayúscula) y coincidimos en que se trata de un proceso en el que un sujeto (el artista) se esfuerza para someter su instrumento a su voluntad, pues lo debe dominar, al tiempo que es sometido por un imperativo superior a él, el cual admira porque le hace sentir inspirado y al que aspira a abrazar para llevar a sus últimos extremos su propia condición de sometido. Así, el dominio del instrumento le sirve al artista para lograr su sometimiento al imperativo que sabe y siente que es superior a él.
Si partimos de estas reflexiones, y notamos que la Biblioteca es el instrumento del bibliotecario -la máquina que proyectó Gabriel Naudé-, tendremos que él es quien debe someterla, lo cual realiza a través del proceso de esa Biblioteca que resulta en colecciones y servicios. A partir de este dominio, el arte del bibliotecario ocurre en el momento en que se somete a un imperativo superior, parte del cual está expresado en la misión organizacional que acepta (véanse las entradas 21 y 56) y otro tanto en su intención de servir y apegarse a valores superiores como el Bien, la Justicia, la Belleza, el Conocimiento o un concepto de divinidad.
El siguiente gráfico ilustra lo que estamos comentando, a la vez que muestra cómo a partir de los requerimientos, los intereses y los deseos, el bibliotecario como artista crea orden, servicios y discursos.
El arte de la Biblioteconomía como proceso.
El gráfico también evidencia que el sometimiento de la Biblioteca lo realiza el bibliotecario a partir de una filosofía o diversas teorías, utilizando asimismo una o más normativas para concretar su acción sometedora.
Relacionado con este tema, notamos que el economista estadounidense Herbert Simon apuntó en su obra Las ciencias de lo artificial (1969) que antes de que la Bibliotecología entrara a la arena de la academización para obtener reconocimiento en los ámbitos de la educación superior, era una disciplina dada al diseño de soluciones para atender distintas situaciones y/o problemas. Sin embargo, el diseño se fue eclipsando y abandonando para dar paso a contenidos teóricos que fueron llenando el currículo.
En esta observación de Simon podemos buscar el carácter de arte de la Biblioteconomía: Ese saber hacer que caracterizó a varios bibliotecarios de antes, y que también se manifestó en su valoración crítica de las normativas extranjeras para aplicarlas en el propio país.
No obstante, esta reflexión no debe llevarnos a pensar que proponemos hacer un mero viaje al pasado para conocer la historia, sino que más bien debe servirnos para darnos cuenta de que lo verdaderamente enriquecedor en estos momentos sería lograr actualizar ese arte de la Biblioteconomía para que sirva ahora, con renovados bríos, para resolver los problemas bibliotecarios, documentales y de información, así como para mejorar la situación de muchas bibliotecas. Y ni se diga lo que ayudaría para resolver el entuerto en que anda la educación bibliotecaria.(véase la entrada 57).
De esta manera, es mucho lo que podría aportar una problematización de la Biblioteconomía como arte. No obstante, el tema es tan vasto y complejo que lo seguiremos tratando en sucesivas entregas.

Bibliografía

Simon, H.A. (2006). Las ciencias de lo artificial. Traducción de Marta Poblet y otros. Granada: Editorial Comares.

jueves, 24 de abril de 2014

63. ASIMETRÍA DE LA INFORMACIÓN

Entre las muchas paradojas que podemos encontrar en el mundillo bibliotecario –ese que algunos llaman “gremio” para el mantenimiento de la férrea jerarquía que fue característica de los grupos de artesanos medievales–, una que llama la atención tiene que ver con el conocimiento propio del bibliotecario, o sea, tanto el que éste aprende en las escuelas o en la práctica, como el que comparte con los usuarios.
¿Google o bibliotecario?
Veamos el segundo caso, de compartir el conocimiento con los usuarios, con algunos ejemplos para notar esta situación paradójica.
Cuando a fines del siglo XIX se decidió que las bibliotecas debían abrir sus estanterías para que el usuario pudiera beneficiarse del encuentro directo con todo lo reunido en el acervo sobre el tema de su interés, de inmediato surgió el problema de que éste no comprendía la signatura topográfica. Esto es, muchos usuarios no alcanzaron a entender los intríngulis de la ordenación, mientras que otros pocos aprendieron tan bien la naturaleza de la ordenación que jugaron con la clasificación cambiando las ubicaciones: Si el bibliotecario ordenaba la parte decimal de manera decimal, el usuario tomaba el decimal como un número consecutivo, y viceversa. Asimismo, son proverbiales las historias sobre las travesuras de los usuarios, como el juego del ocultamiento o los cambios de arreglo en la estantería.
Muy pronto, apareció la necesidad de enseñar al usuario el orden impuesto por la signatura topográfica, lo cual fue tema de debates que pasaron de la negación a la demarcación de los límites hasta donde habría que enseñarle. De hecho, las travesuras del usuario dieron motivo para intentar cancelar la instrucción bibliográfica, luego llamada educación o formación del usuario, que se impartía en las bibliotecas.
Por otra parte, la enseñanza dada al usuario sobre cómo tendría que utilizar la biblioteca y cada uno de sus recursos fue asunto de otras discusiones, pues muchos bibliotecarios que se asumían como intermediarios entre el usuario y el acervo o la información se sintieron desplazados. Además, en los hechos ocurrió que la educación o formación del usuario trajo como consecuencia la reducción de la cantidad de bibliotecarios contratados para brindar los servicios.
Lo anterior llevó a la manifestación del celo con el que muchos bibliotecarios quisieron guardar su conocimiento, el cual se vio asediado cada vez con mayor intensidad por aquéllos que igualaron la difusión de este conocimiento con el derecho de acceso a la información de cualquier usuario. Una de las mayores paradojas la vivimos en la actualidad con las propuestas que plantea el movimiento mundial de Alfabetización Informacional (ALFIN), el cual apunta hacia una total independencia del usuario desde el momento de tener una necesidad de información hasta su satisfacción. Esto es, el usuario ya no se ve obligado a acudir a un bibliotecario, sino que puede identificar una cantidad vasta de medios y mediadores –que son quienes controlan los flujos de la información–, de modo que la biblioteca es meramente uno de los circuitos que puede transitar.
¿Bibliotecas o bancos?
Hay otro caso de un tipo especial de usuarios que han utilizado el conocimiento de los bibliotecarios para establecer empresas lucrativas: La industria de la información y el mercado de la información, sobre todo la modalidad de los outsourcing, esto es, los servicios externos. Así, muchos procesos que antes hacían los bibliotecarios ya los realizan empresas, que de esta manera generan productos como servicios de adquisición de todo tipo de documentos, o generación, conversión y venta de bases de datos, o catalogación, o asesorías y consultorías en temas generales o especiales de información, y un gran etcétera.
Una parte de la industria de la información está conformada por los tecnólogos (informáticos, computólogos, expertos en redes, y otros) que desarrollan aplicaciones técnicas que contienen “bibliotecas” o que dicen que son similares a, o que funcionan como “bibliotecas”, sean programas de cómputo diseñados para usos diversos hasta dispositivos móviles, de modo que pareciera que la palabra “biblioteca” vive una primavera de tanto que se le nombra en todas partes.
Todo este curioso entorno ha venido a ocasionar problemas conceptuales, sobre todo en la actualización de las nociones sobre lo que sea el bibliotecario, y esto tiene su reflejo más significativo en las crisis permanentes en que se encuentra el currículo de las escuelas de formación de bibliotecarios.
Pero entonces, ¿en qué sentido se trata de un gremio el colectivo de los bibliotecarios? Esto es, los gremios medievales guardaban celosamente su conocimiento y sabían bastante bien que "buscar la información que no se tiene y proteger la información que se tiene, es el nombre del juego" (Geertz). Pero eso no ocurre en el mundillo de los bibliotecarios.
Hace algunos años, conocí una propuesta que impulsaban filósofos del derecho en los países nórdicos referente a que el conocimiento jurídico debía estar al alcance de la población desde la escuela temprana, o sea, se debía educar a las personas desde la infancia para que llegaran a ser menos dependientes de los abogados. Ignoro si esta propuesta prosperó y por eso los países nórdicos son el modelo a seguir en muchas cosas, o si se canceló y sus abogados se volvieron más eficientes, tomando estas reflexiones como un llamado de atención para no actuar únicamente como operarios mantenedores del sistema social establecido y de sus propios privilegios.
Desde hace un tiempo, se habla de la desaparición del bibliotecario, de su evolución, de su involución y de su transformación necesaria dejando de verse como la oruga que envidia a las mariposas. Intuimos que para lograr un cambio este bibliotecario debe dejar atrás su mentalidad gremial y asumirse más como un verdadero profesional, o sea, no sólo nombrarse profesional porque haya pasado por alguna institución de educación superior sino mirarse como alguien comprometido consigo mismo y con su rol social. Pero esto es parte del problema.
Los economistas utilizan el concepto de la “asimetría de la información” para referirse a las situaciones que se presentan en un mercado cuando la posesión de cierta información por uno de los competidores le brinda ventaja por encima de los otros contendientes. No obstante, muchos bibliotecarios prefieren negar que viven en una economía de mercado, aunque en lo privado puedan ser compradores compulsivos o envidiar muchas cosas que los demás tienen.
¿Conectarse al mercado?
Otro aspecto del problema es si los bibliotecarios deben entrar al juego de la asimetría de la información en el mercado de la información y demarcar lo característico del espíritu bibliotecario, además de los espacios para el ejercicio del quehacer bibliotecario. A este respecto, debe quedarnos claro qué deseamos hacer con el rol de intermediario que alguna vez sabíamos y creímos que nos correspondía. ¿Seguir siendo intermediarios o volvernos actores en un mundo que cada vez demanda más información y conocimiento a una velocidad más rápida? Algunos pocos ya tomaron la decisión, muchos siguen indecisos.
No debe pensarse que esto nos obligue a volvernos mercaderes de la información, sino que debemos observar, para entender este problema, que el conocimiento bibliotecario y el derecho del usuario a tener acceso a la información no son contrarios, sino que se han roto los equilibrios en que antes estaban y se les ha vuelto contrarios para provocar una situación de mercado. Es en este momento, y con la situación que es vista más como crisis por no comprender lo que ocurre, cuando debemos intentar aclarar este problema, despojarlo de las ideologías que lo vuelven más crítico, y reflexionar en su mejor comprensión. Creemos que el problema es complejo pero apasionante, y por eso lo volveremos a considerar en otro momento.

domingo, 9 de febrero de 2014

62. LA REALIDAD

Charlando con un colega, me decía que en nuestro país no habían funcionado nunca las bibliotecas públicas, a pesar de las buenas intenciones, los grandes esfuerzos y los descomunales discursos que llenan los arcones de nuestra historia bibliotecaria nacional. A partir de este planteamiento, revisamos juntos cómo se han manifestado en ellas los binomios propiedad-uso (sustantivos) y patrimonial-institucional (adjetivos).
Como resultado de esta colaboración, entendimos que la tradición bibliotecaria de nuestro país está mejor dibujada como propiedad patrimonial que como uso institucional, sin importar que se trate de un derecho o un privilegio. Abundando en nuestro hallazgo, hemos comprendido que esta distinción afecta las percepciones que se tienen de las bibliotecas y en particular el que se les conciba como algo propio (= propiedad patrimonial) o ajeno (= uso institucional).
Estos vértigos reflexivos nos llevaron a preguntarnos cuál es la realidad bibliotecaria en México. Entonces, y luego de jugar con varias ideas, nos pusimos de acuerdo en los siguientes dos planteamientos:
1. Los bibliotecarios en México conciben la biblioteca sólo como su fuente natural de trabajo. Como consecuencia, ellos miran desde su posición diversa (vid. entrada 31) la realidad bibliotecaria, sea como dueños de proyectos, como administradores o, mayormente, como operarios. De esta manera, aunque todos conciban la biblioteca como su fuente natural de trabajo, la posición diversa en que se encuentran reportará realidades distintas. Además, también podemos notar que hay percepciones distintas de la realidad por las diferencias espacio-temporales, por lo cual tenemos que no se reportaría la misma realidad bibliotecaria en las regiones de México antes del año 1921, o entre 1921 y 1955, o desde 1956 y hasta 1982, o a partir de 1983.
2. Los bibliotecarios en México desconocen su realidad. Esto nos parece muy obvio al considerar las descripciones del mercado laboral que asumen las escuelas de formación de bibliotecarios, las cuales parecen nunca corresponder a la realidad cuando se hacen evaluaciones de sus programas. Asimismo, constatamos lo que dice este apartado porque los bibliotecarios de nuestro país ignoran la forma como participan en el mantenimiento del sistema de infopobreza (vid. entrada 48), e igualmente cuando participan en la definición alienada de las necesidades de información, que sólo considera la parte del todo que mejor corresponde a la ideología capitalista (vid. entrada 52).
Una duda nos asalta ante estos planeamientos: Si la realidad es algo tan variable en su determinismo, o es desconocida para los bibliotecarios mexicanos, ¿cómo es posible que haya bibliotecas funcionando bien o mal en México? La respuesta lógica es que las hay porque su existencia no depende de los bibliotecarios, o sea, que los bibliotecarios sólo se dedican a conducir proyectos, administrar o hacer labores operarias en las bibliotecas, pero no tienen que ver con las decisiones sustantivas de esas bibliotecas.
A partir de esta charla, inferimos que cualquier intento de sustentar la verdad del conocimiento bibliotecario -en cualquiera de las disciplinas que se ostentan como propietarias de este conocimiento- debe hayarse comprometido con nuestro conocimiento de la realidad bibliotecaria. Al respecto, antes de entrar al problema de la verdad de ese conocimiento -lo cual trataremos en otra entrega-, nos interesa problematizar la realidad tal como la concebimos los bibliotecarios.
Ante esta situación, decidimos hacer una rápida revisión al azar de casos en la literatura bibliotecaria. Por esta vía, encontramos las siguientes dos declaraciones de Broadfield:
A. Las bibliotecas existen en interés de la libertad de pensamiento. Agrega el autor que este principio tiene que ver con el compromiso de esas bibliotecas con los métodos que alteran la calidad del pensamiento. Sin embargo, su labor se realiza entre dificultades teóricas y prácticas complejas, que aparecen en su camino en un mundo con tendencias autoritarias.
B. El bibliotecario debe idear formas de ayudar a la gente a vivir vidas individuales plenas, mostrándoles el camino sin fastidiarlos y luego privarlos de la oportunidad de la espontaneidad.
Estas afirmaciones nos reportan una realidad de la posguerra europea, por lo que las nociones de la libertad de pensamiento versus el autoritarismo, sobre las posibilidades de alterar el pensamiento, al respecto del individualismo y en materia de la espontaneidad conformaban el discurso del momento para tratar de las responsabilidades y el compromiso de las bibliotecas. Algunas de estas nociones corresponden a situaciones entonces observadas, otras a los imaginarios de la época y unas más a símbolos que se enarbolarían como estandartes para repudiar el belicismo. Llama la atención la aclaración de Broadfield sobre que el bibliotecario no debe fastidiar a la gente ni privarla de la oportunidad de la espontaneidad.
Por otra parte, recientemente Parag Khanna dio una conferencia para IFLA sobre la realidad híbrida y las bibliotecas. El concepto de "realidad híbrida" busca explicar la situación en la que viven las sociedades que están expuestas a las tecnologías de la información, los medios de comunicación, las aplicaciones de computadora, las redes sociales y un mundo en donde lo real y lo virtual se imbrican.
Dijo en su conferencia que las bibliotecas siguen desempeñando un papel importante en la realidad híbrida debido a su posición única: Son una mezcla de tecnología, cultura material, así como un lugar virtual y físico - todo ello convergiendo en una esfera pública. De esta manera, se espera que los bibliotecarios puedan reportar la realidad híbrida de sus bibliotecas, pero entendidas ahora como espacios públicos convergentes de tecnología y recursos materiales, que se manifiesten a las personas en modalidades virtual y física. Por supuesto, las bibliotecas seguirían siendo consumidoras de bienes y ofertadoras de recursos y servicios de información, aunque no resulta claro el alcance de lo público.
Tenemos que estas dos inmersiones con textos de Broadfield y Khanna reportan dos realidades muy distintas, aunque en ambos casos tratamos sobre bibliotecas. La primera diferencia que notamos tiene que ver con el binomio compromiso-posicionamiento, esto es, Broadfield señala a la biblioteca por el compromiso que debe cumplir en la posguerra, en tanto que Khanna se refiere al posicionamiento de la biblioteca en la era híbrida. Una segunda distinción tendría que ver con el desarrollo del capitalismo en cada momento histórico, con la consecuente diferencia ideológica.
Al aplicar las categorías lacanianas de lo real, lo imaginario y lo simbólico, junto con las categorías ontológicas del conocimiento (dado o construido) a la situación actual de las bibliotecas en México, nos ha resultado la siguiente tabla ejemplificadora:

Atisbo a la realidad bibliotecaria en México

Se reportan así las realidades real, imaginaria y simbólica, con enunciados que corresponden a distintas percepciones que tienen los bibliotecarios: Algunos aceptan todos los enunciados de manera irreflexiva y otros sólo determinados enunciados.
El conocimiento de la realidad bibliotecaria es un asunto de suma importancia, pero que atrae complejos problemas por su amplitud y diversidad, así como por las otras dificultades que involucra. La determinación de los problemas bibliotecarios, las afirmaciones que hacemos sobre las bibliotecas y los bibliotecarios, así como la forma como administramos las bibliotecas dependen de los reportes que hagamos de nuestra realidad, que desgraciadamente muchos quieren sustentar, e incluso forzar esa sustentación en citaciones, como si la realidad fuera algo ya dado en la bibliografía bibliotecaria. Todo esto conforma una situación bizarra que complica la comprensión de lo que sea la realidad de las bibliotecas y los bibliotecarios. Por estos motivos, seguiremos explorando este filón en sucesivas entregas.

Bibliografía

Broadfield, A. (1949). The task of the library in the modern world. En su: A philosophy of librarianship. London: Grafton. pp. 10-34.
Pin Pin, Y. (22 ago. 2013). Una nueva realidad híbrida para las bibliotecas. IFLA express. Localizado: 8 feb. 2014. En: http://express.ifla.org/ES/node/6421

miércoles, 18 de diciembre de 2013

61. PROBLEMAS DE BILLINGS

Retrato de Billings, Cecilia Beaux, 1895.
En junio de 1902, la American Library Association realizó su conferencia en Boston y Magnolia, Massachusetts. Era presidente de la asociación el médico y bibliotecario John Shaw Billings (1838-1913), quien en esa conferencia  leyó un discurso que tituló Some library problems of tomorrow (en español, Algunos  problemas bibliotecarios del mañana). En su texto, revisaba la situación de las bibliotecas publicas y escolares, así como el estado de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. También, hizo algunos planteamientos que todavía tienen grandes implicaciones en nuestros días, sobre todo la sugerencia que realizó de que Estados Unidos debía asumir y consolidar el liderazgo en materia técnico-normativa para las bibliotecas del mundo.
Entre los señalamientos problemáticos que indicó, encontramos los tres siguientes que han llamado nuestra atención:
1. Existe conflicto entre las bibliotecas públicas y el sistema educativo. Los componentes de este conflicto son los siguientes:
a) Hay bibliotecarios que consideran que las bibliotecas públicas deben ser independientes del sistema de educación pública. Aunque es teóricamente posible que haya una administración central para las bibliotecas públicas y las escuelas, al unirlas la biblioteca pierde mucho y la escuela gana muy poco, por lo que a la larga el público queda profundamente insatisfecho.
b) Se crean bibliotecas escolares que son mal administradas e ineficientes para el propósito de interesar e instruir a los niños. En general, la biblioteca pública es más atractiva que la biblioteca escolar.
c) Los bibliotecarios saben más de libros que los maestros, por lo que pueden complementar o ampliar el trabajo de éstos.
d) La biblioteca pública interfiere en los planes de lectura de la escuela, pues hace que los alumnos adquieran el hábito de la lectura inconexa, que se da al margen de los libros de texto.
e) La biblioteca pública conduce a los alumnos fuera de la línea de la conducta apropiada.
2. Hay sujetos que piensan que podemos estar en peligro por leer mucho: Leer hasta la estupidez.
3. Una biblioteca competente debe ser insatisfactoria durante casi todo su horario de trabajo. Esto es necesario porque si los bibliotecarios o los lectores no están insatisfechos, entonces la biblioteca probablemente está muriendo o está muerta.
Estos planteamientos de problemas avistados por Billings para su atención futura son de gran relevancia por la vigencia de varios de ellos hasta nuestros días. Así, tenemos que el problema 1-a aplica en México, ya que la actual Red Nacional de Bibliotecas Públicas nació para atender las carencias de bibliotecas escolares, lo cual no le ha permitido desarrollarse ni atender como debiera los requerimientos de información de las comunidades.
El problema 1-b es de gran actualidad en el territorio, pues los esfuerzos emprendidos en torno al Programa Nacional de Lectura (México) desde la década anterior no han dado frutos, ya que se tienen bibliotecas escolares y de aula mal administradas y de gran ineficiencia.
El planteamiento 1-c es de considerar, pues se hizo en un momento histórico en que los bibliotecarios debían tender a la erudición, y cuando aún no proponía Shera que se relevara ese perfil por el del bibliotecario enfocado en los servicios, que es el imperante hasta nuestros días.
Los problemas 1-d y e se refieren a declaraciones que encontramos en políticas, en las que se privilegia el sistema educativo incluso con detrimento de las bibliotecas públicas, pues éstas existen sólo para servir a aquél.
El problema 2 es curioso porque se refiere a una de las creencias que aún escuchamos sobre la lectura, misma que tiene una de sus manifestaciones en el mantenimiento de la lectura dentro de la escuela, al tiempo que se le niega fuera del espacio educativo por considerarla mera distracción y ocio.
El problema 3 dice algo que es contrario a la ideología mercantil aplicada a las bibliotecas en la actualidad, en la que se impulsa a conseguir y medir la satisfacción del lector o usuario, al que ahora se le quiere llamar cliente. De esta manera, lo que se dice en 3 es que la biblioteca está viva cuando es insatisfactoria para los bibliotecarios y los usuarios.
En estos momentos en que incluso se ha promulgado que las bibliotecas y los bibliotecarios deben entrar en competencia con las tecnologías de la información y la comunicación, y contando con bibliotecarios que no parecen tener la capacidad para reflexionar y argumentar para establecer su posicionamiento en un mundo cambiante y de capitalismo salvaje, los planteamientos de Billings tienen una vigencia que no deja de asombrarnos, aún más porque en su discurso también avistó que el futuro de la biblioteca se daría en desarrollarla como un negocio parecido a una librería o venta de libros.
Varios de estos problemas que expuso Billings hace más de un siglo nos permiten mirar de nuevo a la situación actual, en algunos casos para darnos cuenta de que los problemas siguen ahí sin que nada pase, a la vez que otros nos llevan a pensar sobre si esas situaciones nos aplican en alguna modalidad. Son tan interesantes y de alguna complejidad que los deberemos tener en cuenta en sucesivos abordajes.

Bibliografía

Billings, J.S. (July 1902). Some library problems of tomorrow. Library journal, 27(7), pp. 1-9.

martes, 5 de noviembre de 2013

60. LA ¿BROMA? DE CRAWFORD

Walt Crawford. Foto American libraries
En el número de abril de 2004 de la revista American libraries, el prestigiado columnista Walt Crawford publicó en dos páginas lo siguiente:
En honor al 1 de abril (1)  y al ejemplar sobre las instalaciones de la biblioteca, me gustaría compartir un conjunto especial de preceptos para eliminar los problemas de la biblioteca y poner fin a la necesidad de nuevos edificios bibliotecarios,... si usted los sigue al pie de la letra.
1. Es lo mismo para cada buena biblioteca. Esto es cierto para Barnes & Noble -¿Y no quieren todos los bibliotecarios hacer que su servicio se parezca  al de Barnes & Noble? Considere cuánto ahorraría al tratar a su biblioteca como todas las otras bibliotecas.
2. Externalizar: Beneficio = eficiencia = efectividad. Usted subcontrataba la mayoría de la catalogación hace años. No construye sus propios sistemas integrados, publica sus propios libros o fabrica su propia estantería. ¿Por qué el desarrollo de la colección local, el trabajo de referencia o cualquier cosa excepto la circulación? La externalización se encarga de problemas sindicales y del exceso de empleados; es tan bueno para las bibliotecas como para cualquier otro negocio rentable .
3. Siga el Principio de Pareto. Enfoque el 80% del presupuesto de su biblioteca y la atención en el 20% de sus clientes que representen el 80% de su negocio . Satisfaga a sus mejores clientes (¡La palabra que debe usar!) y no podrá equivocarse. De todos modos, aquellos que se quedan atrás probablemente no pagan mucho en los impuestos y no ayudarán cuando empiece a operar sus unidades de compromiso del estilo NPR (AL, Feb., p. 37 – 39) (2). Olvídese de ellos.
4. Deles lo que quieren. Período. Compre suficientes copias de los últimos best-sellers para cubrir toda la demanda. Para las bibliotecas académicas, consiga todas las revistas de texto completo que pueda: A los estudiantes les encantan. ¿Por qué preocuparse por los materiales  que sirvan a la próxima generación? Usted se habrá retirado para entonces, de todos modos. ¿Qué ha hecho la próxima generación por usted?
5. Si no ha circulado en dos años, tírelo . Mantenga esos estantes libres para las cosas que quieran sus mejores clientes. Si nadie lo ha utilizado en dos años, lo más probable es que no valga nada para los mejores clientes de hoy.
6. Nunca ofenda a su comunidad. ¿Quién es para comprar materiales que ofendan a miembros de la comunidad? Una vez que se mude a una política de la colección inofensiva, no tendrá que explicar a los fideicomisarios por qué deben cuidar la libertad intelectual y las necesidades de las minorías.
7. No haga caso a su comunidad . ¿Tiene una colección española en crecimiento para servir a su creciente población hispana? ¿Qué hay del ESL (3) y de los programas de alfabetización de adultos para sacar adelante a los miembros de la comunidad? ¿Está investigando y sirviendo a las necesidades cambiantes de la comunidad? ¿No?
Entonces ¿por qué molestarse? Usted es el profesional aquí. Es por eso que le pagan mucho dinero.
8. Los niños de ahora hacen todo en computadoras y nunca van a cambiar.  Afuera van las estanterías. Dentro van las redes WiFi y los sistemas de e-libro.
A los mutantes jóvenes de hoy no les preocupan los libros, las horas del cuento, o cualquier cosa que no esté en un teléfono móvil / PDA o en una computadora Notebook. Ellos  nunca lo harán. ¿No es usted el mismo ahora que hace 20 años? Usted puede ver la ola del futuro: Haga surf o ahóguese.
9. La tecnología resuelve todos los problemas. Si la tecnología crea un problema, solo necesita más tecnología  para solucionarlo. Tiene que pasar más tiempo prestando atención a nuevas soluciones tecnológicas — son las únicas que importan.
10. Manténgase cambiando a nuevos juguetes brillantes. ¿Cuántas nuevas tecnologías  y dispositivos limpios ha investigado este año? Si usted no está conectando algo nuevo cada una o dos semanas, se está quedando atrás. Usted no es una especie de ludita (4), ¿verdad? Es nuevo, está limpio, es brillante: Debe trabajar sus planes para la biblioteca.
11. Usted tiene su maestría en bibliotecología. Usted puede dejar de aprender. ¿De verdad quiere pasar el tiempo leyendo la aburrida literatura profesional ? Si algo es importante, alguien le avisará -y, después de todo, sólo importan los nuevos juguetes brillantes. Los institutos y los programas de conferencias son excelentes excusas para beber y comer, pero las exposiciones deben enseñarle todo lo que necesita saber.
12. Luche contra los estereotipos en cada ocasión. Puede mejorar la situación de los bibliotecarios al prestar servicios profesionales y adecuados a los que más los necesitan, pero ¿no es más divertido quejarse  de las representaciones mediáticas del peinado en forma de bollo, de los zapatos cómodos y del silenciamiento? Como han demostrado los abogados, el camino al éxito es la queja constante sobre los estereotipos.
13. Abrace la inevitabilidad. Las publicaciones seriadas impresas han muerto y el libro impreso está muriendo. Nadie quiere ir a una biblioteca. De todas formas, la lectura del libro es un arte perdido y Google le da a cada uno toda la investigación que realmente necesita. Así están las cosas. Es inevitable. Hay que vivir con ello.
Ahí están: Una docena de panadero (5) de ideas (algunas útiles en pequeñas dosis) que pondrán fin a todos sus problemas cuando se lleven hacia los extremos. ¡Disfrute!
Hemos agregado a este texto algunas notas al final para aclarar ciertas referencias internas que son propias de la cultura media estadounidense, pero que no son fáciles de comprender para un lector de otro país.
Es de notar que la recepción de este escrito ha sido diversa, pues Steven Bell le hizo un comentario favorable en el año 2007, indicando que tiene importantes señalamientos con una dosis de humor. Por su parte, el sitio de Questia.com lo identificó como un escrito de administración de bibliotecas y lo ubicó junto a otras obras de esa materia. Además, detectamos que se tradujo al indonesio y se incluyó en una bibliografía sobre calidad de los servicios.
No obstante, para Crawford este es un escrito más que realizó, seguramente como un divertimento para llevar la situación problemática de las bibliotecas estadounidenses hasta sus extremos. Para ello, describe 13 aspectos adaptativos que deberían considerar las bibliotecas para resolver sus problemas, los cuales se enfocan en asuntos de identidad, colecciones (incluido el descarte), usuarios, servicios, tecnología, educación bibliotecaria, comunicación y sobre el cambio inevitable que viven las bibliotecas.
Son muchos los problemas que puedo deducir de ésto que me parece una parodia, aunque noto que su recepción indica que se le ha comprendido como un texto visionario o de otro tipo parecido.
En el número 9 de estos preceptos dice que la tecnología resuelve todos los problemas, incluso los que ella misma crea. Esta creencia se erige en axioma para los bibliotecarios, y corresponde a la carrera acelerada de los productores y distribuidores de tecnologías de la información y la comunicación, quienes han logrado que las soluciones antecedan a los problemas. De esta manera, la estrategia del vendedor consiste en proponer un producto tecnológico para el cual debe existir una necesidad en la biblioteca, aunque no sepa con exactitud dónde esté o cuál sea. Esta falta de claridad sobre el problema no es obstáculo para concretar la venta, pues el bibliotecario debe estar convencido del valor del cambio tecnológico. De esta manera, el bibliotecario tiene el problema de encontrar el problema para poder justificar la nueva adquisición.
Al respecto de la identidad, en los números 1 y 2 del texto de Crawford dice que las bibliotecas deben ser negocios rentables, como una cadena de librerías que externaliza todo lo que puede. Para ello, deberían haber sólo buenas bibliotecas, o sea, ser todas iguales y recibir el mismo trato, de modo similar a lo que ocurre con las sucursales de las tiendas departamentales, las cadenas de librerías y las instalaciones que se hacen para las franquicias. Este planteamiento pone en duda el carácter único de cada biblioteca, o sea, que cada biblioteca debe ser diferente porque atiende a una comunidad que nunca es la misma. En consecuencia, el problema de igualar las bibliotecas es asunto que deben atender las personas y las organizaciones que toman las decisiones sobre las bibliotecas y sobre los recursos para el mantenimiento de estas instituciones.
Hay otros varios problemas que podemos detectar al releer este escrito. Además, lo que dice nos causa nuevas inquietudes al respecto del problema de la infopobreza (entrada 48) y al respecto de la ventaja competitiva de las bibliotecas (entrada 56), pues el cambio inevitable que debemos abrazar -a  decir del autor- conduce fatídicamente al abandono de las bibliotecas como un proyecto social.
El texto que ahora comento ha venido a cimbrarme, además de que los problemas a los que apunta son ciertamente muy preocupantes y complejos por corresponder a la ideología que promueve la principal potencia mundial de la biblioteconomía, aquella en la que abrevamos para aprender, para aplicar sus normativas y para investigar. Por consiguiente, resulta muy importante continuar reflexionando sobre las ideas del texto de Crawford, en razón de lo cual le daré seguimiento más adelante.

Notas

(1) El 1 de abril es el Día de los Inocentes en Estados Unidos.
(2) Hace referencia a la estrategia de la radio pública de Estados Unidos para diversificar sus fuentes de financiamiento. La cita es de Coffman, S. (Feb. 2004). Saving ourselves: Plural funding for public libraries. American libraries, 35(2), pp. 37-39.
(3) English as a second language.
(4) Un ludita era un artesano textil inglés del siglo XIX que se opuso a la mecanización de su trabajo.
(5) La docena de panadero puede tener 13 o 14 piezas.

Bibliografía

Crawford, W. (Apr. 2004). A dozen solutions to all library problems. American libraries, 35(4), pp. 88-89. Tr. libre de Robert Endean Gamboa.

sábado, 27 de julio de 2013

59. EL PROBLEMA DE RUBIN

Desde mis años de escuela, mucho he escuchado sobre las políticas bibliotecarias y de la información, aunque cada vez me convenzo más de que la palabra "política" es un estribillo que los bibliotecarios mexicanos repetimos con singular alegría aunque no sepamos bien de qué estamos hablando. La mayoría de las veces lo usamos para referirnos a las normativas que aplican en la biblioteca y así decimos que tenemos políticas de servicios (reglamentos), políticas de catalogación (reglas y esquemas), políticas de desarrollo de colecciones (criterios) y otras mas. En consecuencia, confundimos las políticas con algunos de sus instrumentos.
Es tal el desconocimiento de las políticas que se tiende a suponer que deben corresponder a cada acción que se realiza, incluso a la costumbre. Así, en una ocasión escuché en la UNAM, con gran atención y asombro creciente, a una conferencista que nos platicaba sobre las políticas de información que seguían los escribas náhuas en el mundo prehispánico.
Al margen de este problema de la formación bibliotecaria, encontramos en la literatura que las políticas sirven para resolver cierto tipo de problemas que se presentan en las bibliotecas. De esta manera, cuando surge un problema que se identifica con alguna política existente, o se atribuye a la carencia de una política, se hacen las diligencias correspondientes y se obtiene una nueva política como solución.
Las políticas son enunciados que hacemos y que corresponden al sistema de órdenes distintos que conforman la biblioteca (vid. entrada 58). En este sentido, las políticas son los medios a través de los cuales establecemos los órdenes y los hacemos explícitos en la biblioteca. No obstante, las políticas también pueden estar implícitas, aunque como indicamos antes, y dada su intencionalidad operativa, no se les debe confundir con la costumbre y la tradición.
El profesor estadounidense Richard Rubin ha publicado en tres ediciones de sus Foundations of library and information science (1998, 2004 y 2010) un par de capítulos que tratan sobre las políticas de información: Uno sobre políticas públicas de información y otro sobre las políticas de información de las bibliotecas. En ellos, hace planteamientos que hemos graficado como sigue:
Políticas públicas de información y políticas de información de la biblioteca.
En el entorno de la biblioteca, se diseñan e implementan las políticas públicas de información, que el autor divide para su estudio en dos partes, correspondiendo una a las acciones de la creación, la adquisición, la organización, la diseminación y la evaluación de la información. En este segmento, operan distintos agentes relacionados con estas acciones, que buscan impulsar y posicionar para su propio provecho.
La otra parte es la de ciertas áreas de interés, y en ella operan las tecnologías de la información y la comunicación, las telecomunicaciones, las entidades dedicadas a asegurar la privacidad, la regulación informática, la propiedad intelectual y el gobierno electrónico. En esta otra parte, también maniobran agentes relacionados con estas áreas de interés, quienes igualmente trabajan para su propio beneficio.
Los agentes involucrados en las acciones y las áreas de interés, como resultado de los posicionamientos, las negociaciones y las condiciones y restricciones existentes generan y tienden a modificar las políticas públicas de información a través de mecanismos de apertura y cierre, para lo cual se desempeñan con la certeza del poder y la ganancia que pueden obtener de sus esfuerzos.
Rubin nos dice también que en la biblioteca se diseñan e implementan políticas propias para la selección y colección, la organización, la preservación, los servicios y para asegurar la libertad intelectual. Para ello, los bibliotecarios deben actuar hacia la conservación de los valores personales y de la comunidad, hacia la protección de los niños y asimismo para proteger la biblioteca. Las tareas correspondientes a estas acciones pueden imponer restricciones a las políticas.
En contraparte, se debe facilitar la protección del libre acceso, asegurar la educación de los niños y enarbolar los valores profesionales, para de esta manera ejercer cada vez un mayor acceso a la biblioteca y la información. Estas tareas de facilitación pueden impulsar tendencias en las políticas.
El autor también señala cómo pueden afectar las políticas públicas de información a la política bibliotecaria, tomando como ejemplo la propiedad intelectual, que cada vez se nota más ligada al lucro comercial. En contrario, las políticas bibliotecarias pueden influir en las acciones, y por esta vía indirecta llegar a impactar en las políticas públicas de información. Esto no significa que los bibliotecarios no puedan constituirse en agentes que busquen influir en el diseño de las políticas, sino que el autor indica meramente la vía que podría resultar aceptable.
En consecuencia, las políticas determinan aspectos de infraestructura, infoestructura, planes y programas a seguir, las normativas que se utilizan, así como procedimientos y las formas de trabajo, pero lo hacen a partir de ciertas condiciones y para atender determinados objetivos.
A partir de este esquema, Rubin plantea el problema del cambio actual que se está dando en las sociedades industrializadas, mismo que hemos representado en el siguiente gráfico:
Equilibrios de la información en la sociedad.
Tenemos que en los países de régimen democrático y sistema económico capitalista se ha buscado que exista un equilibrio en materia de la información, estando en un extremo la propiedad de la información con sus ideas de convertirla en un bien de consumo, y por el otro lado está el derecho de acceso a la información como un valor democrático, que busca la utilidad para mejorar la comprensión. En la conformación de este equilibrio, han entrado en juego los intereses económicos, sociales y políticos, que sirven de contrapesos ante determinadas políticas de información.
Con este planteamiento, Rubin señala que vivimos desde hace una década el paulatino abandono de los intereses que buscan el derecho a la información, así como el creciente enaltecimiento de los intereses que promueven el consumo de la información previo pago, la imposición de restricciones al acceso por motivos de seguridad, así como a los variados intentos de controlar los flujos de la información.
Este esbozo, cuando lo miramos a la luz de lo que antes manifestamos en referencia al sistema de la infopobreza (vid. entrada 48) encuentra una posible explicación en los factores del entorno socio-cultural de circulación, alienación y exclusión. Si atraemos también algunas reflexiones sobre el capitalismo cultural en el que estamos inmersos, que considera el conocimiento como un motor de la economía, pero teniéndolo enmarcado y sometido a las leyes de acumulación del capital, entonces tendremos el cuadro completo de este problema.
Preguntémonos al respecto:
  • ¿Desde cuándo las bibliotecas dejaron de ser una inversión para sus entidades propietarias y pasaron a convertirse en un gasto?
  • ¿Desde cuándo las bibliotecas se vieron obligadas por sus entidades propietarias a relacionarse con proyectos productivos o políticos?
  • ¿Desde cuándo la propiedad intelectual había impactado a las bibliotecas como ahora lo hace en las adquisiciones, la circulación de los materiales y su reproducción?
Tenemos entonces que este problema, aunque visto a la luz de la situación estadounidense propia de su autor, plantea una circunstancia de gran atractivo y gran complejidad, que va desde la concepción misma de las políticas hasta las orientaciones que estamos viviendo hoy en nuestras bibliotecas, con la salvedad de hasta dónde querramos mirar. Por esta razón, deberemos seguir considerando este problema en sucesivas entregas.

Bibliografía

Rubin, R.E. (2004). Foundations of library and information science. 2nd ed. New York: Neal-Schuman.
Vercellone, C. (2005). The hypothesis of cognitive capitalism. Conferencia presentada en el Towards a Cosmopolitan Marxism, Historical Materialism Annual Conference, 4-6 nov., Birkbeck College and SOAS, London, 4-5 nov. 2005. Vers. 2008. Localizada: 1 mayo 2013. En: http://hal.archives-ouvertes.fr/docs/00/27/36/41/PDF/The_hypothesis_of_Cognitive_Capitalismhall.pdf

domingo, 16 de junio de 2013

58. EL CAMBIO BIBLIOTECARIO

Entre todos los conceptos que estudié en las materias de administración bibliotecaria que llevé en la escuela, recuerdo que con cierta premura se nos presentó el problema del cambio, indicando que todo se transforma en el entorno de la biblioteca y que un profesional bibliotecario debería poder enfrentar (esa era la palabra que se utilizaba) cualquier situación externa que pudiera alterar el funcionamiento de esa institución.
Este asunto del cambio me pareció inquietante y por ello consulté a uno de mis profesores, quien parafraseó al filósofo griego Zenón diciéndome que “lo único permanente en la biblioteca es el cambio” y agregando que eso no debía preocuparme, pues la formación que recibía en la escuela me estaba preparando para lo que viniera. Debo acotar que esta recomendación me la hizo en medio de la crisis económica que padecimos en los años 80, antes de que el gobierno promoviera el primer pacto económico para evitar el colapso nacional. Luego de esa admonición, no han parado las crisis en este país.
He sido testigo de cómo las bibliotecas se han visto obligadas a adelgazar y restringir su crecimiento, a apostar a tecnologías de toda laya poniendo en riesgo su propia existencia, a ajustarse a enfoques administrativos que buscan hacerlas más eficientes y menos costosas, a aceptar formas de evaluación completamente ajenas a su naturaleza, a perder el rumbo y no saber cuál es la razón de su existencia, así como a vivir con miedo por las asonadas de que están cerrando bibliotecas en los Estados Unidos y tras suponer que por contagio pasará lo mismo en México.
También he conocido los llamados “casos de éxito” en cuestión de cambios, pero creo que algún día valdría la pena evaluarlos en términos de lo ganado y lo perdido luego de las modificaciones emprendidas para adaptarse, para mejorar, para modernizarse, para ser excelentes y para adjudicarse otros tantos adjetivos que vienen y van como las modas.
Traemos a colación que en la entrada 26 señalamos que toda la biblioteca es un organismo compuesto por elementos que se oponen y que se tienen que equilibrar. Además, los elementos no sólo se relacionan en parejas, pues uno mismo puede tener vínculos con varios otros, como por ejemplo el presupuesto, que impacta casi todos los otros elementos del sistema.
La reflexión que emprendí desde mis días de escuela, hace casi tres décadas, me ha convencido de que cualquier intento de abordar el cambio en y de la biblioteca debe hacerse a partir de una noción amplia y clara de lo que ella es, con lo que arribé a una certidumbre que podemos percibir como hilo conductor a lo largo de toda la historia de las bibliotecas: La biblioteca es una entidad ordenada.
Buscando comprender lo que es el orden encontré a Cesarman (1982), quien dice al respecto lo siguiente:
  • El proceso de ordenamiento se da a contracorriente.
  • Sólo lo que tiene orden es capaz de producir trabajo y éste siempre se manifiesta como movimiento.
  • El universo posee un patrimonio de orden acumulado en los sistemas de estructura heterogénea y compleja. Existe un gradiente que va del orden al caos; por lo que los sistemas tienden a caer, de manera espontánea, hacia la homogeneidad y el caos.
  • A través del  movimiento, el orden se desgasta y se transforma en caos.
  • En este proceso se produce trabajo.
  • El orden es complejidad, heterogeneidad, desequilibrio, vulnerabilidad e improbabilidad.
En algún momento de este trayecto, me he fijado en dos conceptos que interesaron mucho a Susana Sander y Ramiro Lafuente, quienes abordaron desde la filosofía y la historia diversos aspectos de la clasificación y la catalogación. Sobre el particular, es de notar que en la entrada 25 mencionamos que una biblioteca está ordenada cuando su catalogación y clasificación se llevan a cabo de forma normalizada, o sea, tratando de reducir a cero la variación en las decisiones que se toman en la descripción o en la aplicación de la norma para la colocación física del documento.
De esta manera, la catalogación y la clasificación son elementos ordenadores de la biblioteca, pero no constituyen el todo del sistema bibliotecario ordenado. Para tener una noción más clara de esto que decimos, nos referiremos al siguiente esquema gráfico en el que mostramos a la biblioteca como un sistema ordenado.
El sistema bibiotecario y el cambio.
Podemos ver que hay al menos cuatro subsistemas que conforman la biblioteca:
  • El orden institucional, que abarca los componentes administrativos, financieros, de política, normativos y tecnológicos que la organización de adscripción de la biblioteca dispone para que ésta opere, para supervisarla, controlarla y evaluarla.
  • El orden físico, que incluye las instalaciones (enmarcados, conforme la entrada 42), la disponibilidad de todos los recursos materiales y tecnológicos, la ergonomía y la usabilidad.
  • El orden lógico, en el que interactúan la clasificación, todos los asuntos de logística y las normativas técnicas.
  • El orden socio-cultural, que es operado por los recursos humanos y consiste en el ambiente, todos los aspectos de las relaciones humanas, así como los valores y las formas de pensar.
La intersección de los órdenes físico y lógico establecen las condiciones de accesibilidad. Además, entre el orden institucional y el orden socio-cultural se mantiene un estado de negociación permanente. Asimismo, el orden institucional y el orden lógico se interpretan recíprocamente todo el tiempo, y el primero mantiene un diálogo continuo con el orden físico al respecto de la estética y la utilidad de los recursos de la biblioteca
Notamos también que el orden socio-cultural condiciona los órdenes lógico y físico, tanto en su operación como en su desarrollo, por lo que igualmente incide, directa o indirectamente, en la accesibilidad.
Estos órdenes son susceptibles a ciertos cambios en su entorno, como puede verse en el esquema gráfico. Asimismo, los cambios pueden presentarse dentro de la biblioteca en algunos de sus componentes. Tomemos como ejemplo el relevo de la normativa catalográfica que está ocurriendo ahora, y que en nuestro esquema corresponde al orden lógico. Obviamente, esta nueva normativa conllevará a transformaciones en la logística, en la accesibilidad y en la forma de pensar, al igual que podría modificar componentes del orden físico y generar interpretaciones para el orden institucional.
Los cuatro órdenes están integrados en el sistema bibliotecario, que opera como un proceso que recibe insumos y requerimientos para generar resultados, conformidad y beneficios. Este proceso es cíclico, de modo que se mantiene en funcionamiento para tener la ventaja competitiva a la que sirve y que es la razón de su existencia.
Observamos que este gráfico esquemático nos sirve para describir y comprender los cambios que ocurren. Así, tenemos el caso comentado por Garrett (1999), quien se ha referido a los cambios en el orden que ocurrieron en las bibliotecas alemanas a fines del siglo XVIII y principios del siglo siguiente. Estas transformaciones fueron las siguientes:
  1. Se estableció una distinción entre el orden visible y el orden funcional. En este sentido, se pasó de considerar que la biblioteca representaba el universo a concebirla como el lugar para localizar con rapidez los libros que se necesitaban.
  2. Se diferenció la información bibliográfica del objeto físico libro.
  3. Se estableció una demarcación entre el bibliotecario y la memoria bibliográfica.
  4. Se propuso cambiar el catálogo sistemático por el catálogo de temas.
Notamos en este ejemplo que se indican cambios en la ventaja competitiva (1), entre los órdenes lógico y físico (2), entre los órdenes socio-cultural y lógico (3), y cambios normativos y de logística (4). Como efecto de estas transformaciones, Garrett indica que se estableció un antes y un después en el que las bibliotecas alemanas se modificaron en su naturaleza y organización.
Stephens y Russell (2004) indican que el cambio es una actividad organizacional significativa que es necesaria para que la biblioteca siga siendo relevante. No obstante, cada biblioteca es única y cumple con un rol social distinto, a la vez que opera con culturas que no poseen otras organizaciones, lo cual dificulta cualquier intento de réplica de las experiencias y las prácticas. Concluyen que no hay una estrategia única e infalible para el desarrollo de una organización bibliotecaria.
Cuando indagamos un poco más los conceptos de Stephens y Russell, para tratar de comprender qué significado le dan a ser relevante como ventaja competitiva de la biblioteca, encontramos que su concepto apunta a que esta institución debe servir a los usuarios en un entorno fluido, de expectativas cambiantes, influencias tecnológicas e imperativos de la organización de adscripción. Podemos ayudarnos para entender estos conceptos con nuestro esquema gráfico, en el que vemos la biblioteca en el plano inferior y la ventaja competitiva en el plano superior.
Rubin (2004, pp. 79) señala el siguiente caso de cambio en el entorno: “La necesidad crítica y creciente de información, así como el incremento de su naturaleza electrónica han producido competidores y alternativas a las prácticas bibliotecarias tradicionales. Estos competidores también reconocen que la información es un bien valioso, y que pueden obtener ganancia y poder si controlan su diseminación”. Ante este panorama, recomienda que las bibliotecas transiten por el entorno tecnológico adquiriendo sus productos y adaptándose, al tiempo que sus recursos humanos aprenden a dominar los nuevos dispositivos. Para poder hacerlo, se tienen que preguntar sobre su misión (ventaja competitiva), la selección y evaluación de sus colecciones (logística), sobre la accesibilidad, sobre el futuro de sus recursos humanos (orden socio-cultural) y sobre la productividad (orden lógico). También nos ayuda a comprender estos conceptos nuestro esquema gráfico.
Stephens y Russell (2004) añaden que el cambio puede anticiparse, planearse e implementarse de la mejor manera, a través de procesos de planeación que contemplen distintas evaluaciones, anticipando los riesgos del cambio y por otros medios. En este sentido, tenemos el ejemplo de Stimson (2007), quien sugiere que algunos cambios de las bibliotecas pueden servir para desarrollar su imagen y para posicionarlas a través de la conformación de una marca.
Llegados a este punto, vislumbramos el cambio bibliotecario como un tema de reflexión y asunto de práctica en las bibliotecas. Su consideración es necesaria ya que ciertamente el cambio es permanente en estas instituciones, y si no hay cambio, entonces las bibliotecas están enfermas e incluso pueden estar condenadas a muerte. El problema del cambio es muy complejo, pero es apasionante y atraviesa todos los tipos y modelos de bibliotecas a través de la historia de la humanidad. Por ser de nuestra predilección y de gran utilidad, seguiremos considerándolo en futuros abordajes.

Bibliografía

Cesarman, Eduardo. (1982). Orden y caos: El complejo orden de la naturaleza. México: Diana.
Garrett, J. (1999). Redefining order in the German library, 1775-1825. Eighteenth century studies, 33(1), pp. 103-123.
Rubin, R.E. (2004). Redefining the library: The impacts and implications of technological change. En su: Foundations of library and information science. 2nd ed. New York: Neal-Schuman. pp. 79-120.
Stephens, D.; Russell, K. (2004). Organizational development, leadership, change and the future of libraries. Library trends, 53(1), pp. 238-257.
Stimson, N.F. (2007). Library change as a branding opportunity: Connect, reflect, research, discover. C&RL news, 68(11), pp. 694-698.